EL
INFORME LUGANO
o la inviabilidad de la población
excluida por la globalización
Neide Patarra patarra@ibge.gov.br
GEORGE, Suzan. O Relatório Lugano.
São Paulo. Boitempo,
2002, 222 p.Tradução e notas de Afonso Teixeira Filho.
El informe Lugano fue publicado em Francia em 1999. El lanzamiento
de su edición en portugués se realizó en el Forum
Social Mundial en Porto Alegre en 2002. Este trabajo constituye un elocuente
llamado de alerta sobre los efectos excluyentes de la globalización
actual: en la “mesa del banquete”, se incrementará
el grupo de países y grupos sociales que serán excluidos
para que el capitalismo del siglo XXI sobreviva a sus cruciales e inherentes
contradicciones. La actual crisis del capitalismo internacional se dirige
incuestionablemente hacia lo que el libro señala como inexorable:
el exterminio progresivo de los excluidos. En su presentación
de la edición en portugués, Laymert Garcia dos Santos
hace énfasis, con agudeza y clarividencia, en que esa es la lógica
de la globalización: la lógica del exterminio.
Acontecimientos internacionales posteriores a la aparición del
libro refuerzan lo oportuno de su lectura y la actualidad de sus análisis:
el atentado del 11 de septiembre en Nueva York y los posteriores conflictos
en Afganistán y en Irak como parte de la concepción de
la guerra preventiva de Bush.
La filósofa y científica política Suzan George
simula la contratación de un grupo multidisciplinario de nueve
consultores internacionales de primera línea, muy bien remunerados,
en la paradisíaca isla de Lugano, en Italia, para que produzcan
un informe confidencial en el término de un año, que posteriormente
sería enviado a los jefes de estado y a las instancias internacionales
de seguridad para que hicieran uso “con toda libertad” de
las recomendaciones concebidas en el informe “con toda dignidad”.
Mediante el recurso de la simulación, un Grupo de instructores
le encarga a un Grupo de trabajo la ardua y desafiante tarea de:
1. identificar las amenazas contra el sistema capitalista liberal y
los obstáculos a su generalización y preservación
a medida que avanza el nuevo milenio;
2. analizar el actual rumbo de la economía mundial a la luz de
esas amenazas y obstáculos;
3. recomendar estrategias, medidas concretas y cambios de orientación
con vistas a ampliar al máximo las posibilidades que proporcionará
el sistema capitalista de mercado abierto globalizado.
Para ello, el grupo tendría que aceptar irrestrictamente la premisa
a partir de la cual trabajan los Grupos de instrucciones del Informe:
“... un sistema liberal globalizado, basado en la economía
de mercado, debería ser no sólo la norma, sino el sistema
triunfante en el siglo XXI. Vemos un sistema económico basado
en la libertad y riesgo individuales como guardián de otras libertades
y otros valores... ” (p. 25).
Por otro lado, el grupo de consultores debería “... echar
a un lado sentimientos, prejuicios e otras ideas preestablecidas...”
(p. 26).
Finalmente, el Grupo de trabajo envía el trabajo realizado con
el aviso de que “este trabajo trató de ofrecerles a los
grupos de instrucciones una evaluación clara y responsable de
la situación del capitalismo global y de la economía de
mercado para el siglo XXI (Parte I) y medios teóricos y prácticos
para evitar el desastre y la parálisis potenciales (Parte II)”,
basados en la premisa básica y en premisas económicas,
políticas, de negocios, financieras, ecológicas y demográficas
sobre el funcionamiento del sistema capitalista global.
El diagnóstico se refiere a los peligros, a las amenazas y a
los obstáculos al sistema:
a) el desequilibrio ecológico: “Se estima
que el 70% de la población mundial ya está viviendo en
zonas con escasez de agua. Ocurrirán conflictos ecológicos
primero en el Medio Oriente, Africa subsahariana y Asia. Estos se extenderán
después a regiones más favorecidas, lo que traerá
resultados imprevisibles en lo económico” (p. 29).
b) el crecimiento pernicioso: “Si el crecimiento
ya estuvo íntimamente vinculado al incremento del bienestar de
todos, ese a dejado de ser el caso. Cada vez más, fenómenos
sociales que la mayoría de las personas prefiere evitar son responsables
del crecimiento económico” (p.31). Esa paradoja económica
significa que cada vez más, el crecimiento del Producto Interno
Bruto se expande implicando gastos en seguridad, construcción
de presidios, rehabilitación de drogados, trabajos de reparación
como consecuencia de estragos causados por ataques terroristas, etc.
c) la distribución de la riqueza: las crecientes
desigualdades y contrastes constituyen una verdadera amenaza con una
nueva característica: “la tendencia a que el rico en información
provoque la furia y la violencia del pobre en información”
(p. 32). El pobre en información se vuelve inservible, socialmente
desechable, ya que de lo que dispone para trabajar, su fuerza muscular,
son irrelevantes en la era de la información. “Otras disparidades
pueden ser totalmente irrelevantes dentro de esa dialéctica de
la furia y la violencia. Un ejemplo mencionado con frecuencia por los
moralistas es el referente a que, según dicen, la suma de las
fortunas de 450 multimillonarios equivale a lo que ganan 500 millones
de personas en el Tercer Mundo...” (p. 33).
d) el capitalismo de cuadrilla: el crimen en gran escala,
las economías paralelas, el tráfico de drogas, el contrabando
de armas, el lavado de dinero, la corrupción de todo tipo. Grandes
regiones del planeta ya están fuera de la jurisdicción
del Estado.
e) la deuda externa: “Países altamente
endeudados ganan mucho más exportando drogas, armas ligeras o
emigrantes, que productos de consumo primario legales” (p. 36).
f) el colapso financiero: la volatilidad inherente a los mercados financieros.
El diagnóstico llega a su fin con la conclusión de que
el crecimiento económico es cada vez más una fuente de
pobreza. Los efectos sociales indeseables pueden minar los beneficios
económicos. Las economías ilegales tienden a ganar fuerza,
se producen desórdenes geopolíticos y los mercados financieros
se vuelven inestables y amenazadores.
Con ese diagnóstico como base, se realiza un examen de los mecanismos
de control, de las instituciones obsoletas e ineficientes: la ONU, el
FMI, el Banco Mundial, etc. Se hace una excepción con la OMC,
el único de esos mecanismos que actúa directamente impidiendo
que participen en el banquete los excluidos de los países desarrollados
y países no desarrollados en su totalidad.
El carácter agudo de la crisis ya está configurado: “No
nos debiera espantar que países desreglados (o ‘autorregulados’)
estén en perfecta capacidad de producir tensiones (tensión
en gran escala, agitación social, degradación del medio
ambiente, ruina financiera) que consumen al propio mercado. No existen
amortiguadores con alcance planetario para absorber esos golpes. Ya
que estamos en presencia de un sistema intrínsecamente frágil,
que carece de un reglamento que lo legitime, no podemos dejar de ponernos
en guardia contra un accidente global a principios del siglo XXI, si
no antes” (p. 52).
A partir de ese diagnóstico, el Grupo de trabajo trata de sintetizar
el impacto de la situación recurriendo a la conocida ecuación:
Impacto (sobre la tierra) = consumo X tecnología X población
La limitación de los recursos naturales y lo inexorable del crecimiento
tecnológico en el sistema capitalista hacen que la población
sea la variable clave, crucial y decisiva para salvaguardar el sistema.
En realidad, un futuro económico viable, dentro del contexto
de las condiciones impuestas por la biosfera, depende de tres elementos:
· número de personas en el mundo
· cantidad, calidad y naturaleza de lo que consumen
· tecnología utilizada para producir lo que esas personas
consumen y para tratar los desechos que producen.
El recurso adoptado por la autora le permite establecer detalladamente
las dimensiones ideológicas y las implicaciones de conceptos
fundamentales actuantes en los reiterados análisis sobre la globalización.
Por ejemplo, los consultores “escogen” como medida de impacto
el concepto de “marca ecológica”, que quiere decir
la cantidad de recursos ecológicos necesarios para subsidiar
las necesidades de una población dada con cierto nivel de consumo
y de tecnología. Dicho método divide el área de
los ecosistemas productivos del planeta entre la cifra de población
mundial. Los consultores consideran que ese concepto es mejor que el
de “capacidad de carga” o “capacidad de soporte”
debido a que el concepto escogido integra factores como el comercio
y la urbanización y hace de la geografía una ciencia realmente
globalizada.
La autora lleva al extremo su argumentación lógica cuando
trata de lo poblacional. De repente los consultores se ven ante un contingente
mundial -- absolutamente inviable en el contexto analizado
-- de alrededor de seis mil millones de habitantes: “En 1948,
cuando los signatarios de la Declaración de los Derechos Humanos
se reunieron en asamblea, la población mundial era de cerca de
dos mil quinientos millones de habitantes. Ya en esa época, el
objetivo era utópico. Hoy está totalmente fuera de contexto:
es imposible garantizarles esos derechos a seis mil millones de personas,
cuya mayoría vive en la miseria” (p. 71).
Aunque la población mundial esté reduciendo su ritmo de
crecimiento, los estimados de las Naciones Unidas indican una población
que deberá llegar a un número aproximado de 7,2 a 8,5
mil millones de habitantes en el 2020 (¡!). Esa cifra, por otro
lado, está compuesta en su mayor parte por una población
en estado de pobreza o de miseria que reside en países menos
desarrollados. Los grandes flujos migratorios no hacen más que
agudizar los conflictos. Las mujeres pobres quieren tener muchos hijos
debido a las necesidades de los mismos. El envejecimiento poblacional,
además, es un hecho: hasta los pobres logran vivir por más
tiempo.
La argumentación subestima el aumento, grande y creciente, de
la demanda de métodos anticonceptivos por las mujeres pobres
en varias partes del mundo en la misma medida que la ‘utilidad
económica” de los hijos de madres pobres se ha ido disipando
a todas luces por causa de la exclusión en la sociedad capitalista
contemporánea y de las propias condiciones de trabajo. Por otro
lado, el “demógrafo consultor” no reconoció
los efectos de la inercia demográfica (o metabolismo demográfico)
que significa un tiempo entre los niveles más bajos de fecundidad
y su expresión en número absoluto de nacimientos. Como
quiera que se mire, Malthus está vivo en el pensamiento
neoliberal contemporáneo:
“Para asegurar empleos estables y correctamente remunerados, para
disminuir el riesgo de choque de civilizaciones, para lograr que las
nuevas generaciones se integren a la cultura de mercado, para que el
estado conserve su función de suministrador de infraestructura
y de garantizador de la seguridad de los ciudadanos, para que no ocurran
colapsos de abastecimiento de agua y energía... ” es necesario
reducir drásticamente la población. “El único
medio de garantizar la felicidad y el bienestar de la mayoría
de las personas se encuentra en la reducción del número
de habitantes del planeta. Ese es el verdadero sentido de la expresión
desarrollo sustentable” (extraídos de los capítulos
3 y 4).
El problema, entonces, no es saber si debemos disminuir
drásticamente la población, sino como
hacerlo.
Además de profundizar ideológicamente en los conceptos
estructurante del pensamiento dominante contemporáneo, la autora
produce efectos de ironía recurriendo al formato de informe de
ese tipo en el cual los objetivos y el fin deben estar detallados con
claridad. Un ejemplo se encuentra en: “partiendo de seis mil millones
de habitantes en el año 2000, nuestra meta es lograr
la cifra de cuatro mil millones en veinte años. Al principio,
la curva continuaría ascendiendo, pero en la etapa final reflejaría
un declive anual de 280 mil millones en el 2005. Cinco anos más
tarde, en el 2010, deberá haber regresado a su nivel actual de
seis mil millones. Y proseguirá en descenso absoluto hasta el
2020” (p. 93; subrayado nuestro).
Las “marcas” maltusianas positivas son necesarias porque
el siglo XXI deberá escoger entre la disciplina y el control,
por una parte, y el desorden y el caos por la otra. El único
modo de asegurar un máximo de bienestar a un mayor número
de personas, preservando el capitalismo, es disminuyendo la población”
(p. 89).
El modus operandi para reducir cuatro mil millones de personas hasta
el año 2020 se basa en el fortalecimiento de flagelos que ya
afectan a la humanidad en este inicio de siglo, representados aquí
por la imagen de los Cuatro Caballeros del Apocalipsis: la Conquista,
la Guerra (con comercio internacional de armas e intervención),
el Hambre y la Peste. “Las conquistas, las guerras el hambre y
la peste han servido siempre para inhibir el crecimiento excesivo de
la especie humana y hasta hoy no han perdido su importancia. Tratamos
de mostrar cómo podrían ser adaptadas a las circunstancias
modernas” (p. 167).
Las “marcas” preventivas desempeñan también
su papel incentivando políticas de reducción de la reproducción:
aborto, esterilización masculina y femenina y anticonceptivos.
El diagnóstico poblacional apunta hacia el combate entre los
países ricos y los países pobres en términos de
totales población, tasas diferenciales de crecimiento y envejecimiento
poblacional. La crítica, en esa parte, es contundente respecto
a los “efectos anticipados” de políticas sociales:
incluso con la reducción de su prole, los excluidos siguen excluidos
al punto de serlo más aún.
Al final del libro, la autora hace sus últimos comentarios y
expresa su posición personal. Así, se presenta y defiende
su idea de simulación. Su posición es polémica
en lo que se refiera a las “políticas de identidad”.
Las políticas en defensa de grupos étnicos, raciales,
lingüísticos, sexuales o religiosos se pueden fortalecer
en detrimento de la nacionalidad y de la mayor identificación
de cada individuo como miembro de la “especie humana”. De
ese modo los distancia de la noción de ciudadanía. Según
la autora, esos movimientos pueden agudizar más aún las
condiciones de exclusión y debilitar las posibilidades de luchas
globales, lo que fortalecería la filosofía de “dividir
más para reinar mejor”.
El informe Lugano constituye, sin dudas, un libro polémico. Sin
embargo, significa un vehemente libelo contra los efectos devastadores
de la globalización sobre amplios y crecientes contingentes de
la población del planeta. El inteligente recurso adoptado suscita
gran interés en el lector junto con una lógica de razonamiento
muy atractiva. Precisamente, su mayor contribución se encuentra
en poner a descubierto dimensiones no aparentes de discursos y de prácticas
dominantes del sistema globalizado y de propuestas de incautos que no
evalúan las consecuencias de sus iniciativas hasta sus últimas
consecuencias.
El escrutinio de la lógica de razonamiento maltusiano implícito
en muchos de esos discursos y muchas de esas prácticas representa
una contribución bastante relevante, principalmente si se considera
que ese tipo de crítica no es frecuente en los estudios demográficos.
¡Vale la pena el debate!
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